Recientemente el Área Metropolitana del Valle de Aburrá -AMVA, como autoridad ambiental en la región urbana del valle, presentó el Protocolo de Contingencia para enfrentar Episodios Críticos de Contaminación Atmosférica. En breve son una serie de medidas que los municipios deben comprometerse a ejecutar con el acompañamiento del AMVA para reducir los niveles de contaminación, que en contingencia resultan en un aumento de la mortalidad diaria en un 5%, de acuerdo con estándares de la OMS.

Gran parte de las medidas tienen que ver con el aumento del pico y placa, que pasaría de cuatro dígitos a seis dígitos, e incluso se está planteando aplicarlo los sábados. La primera preocupación cuando arrancó la medida del pico y placa en Medellín en 2005 era la congestión vehicular, se amplió en 2008, y se replanteó en 2012, exonerando algunas vías y reduciendo en una hora la medida.

Con la declaratoria el año pasado de contingencia ambiental, de nuevo se recurrió a medidas de restricción a la circulación. La pregunta central ahora es por qué no hemos podido avanzar en reducir la contaminación en Medellín. La respuesta puede estar, dado que un 70% de la contaminación del aire en el valle proviene de las fuentes móviles, en las mismas razones por las cuales no se ha avanzado lo suficiente más allá de la medida como el pico y placa para mejorar el problema de la congestión.

Las autoridades han pasado de agache con medidas de la gestión de la demanda, que terminan aumentando los costos del uso del vehículo particular (carros y motos), como son el aumento de tarifas de los parqueaderos, más zonas de estacionamiento regulado -ZER-  y peajes en ciertas vías a ciertos horarios, entre otros. A la par, debe ir mejorándose cada vez más la calidad del transporte público. Aunque Medellín tiene un sistema de transporte integrado multimodal que reporta alta satisfacción por parte de sus usuarios, a diferencia de lo que ocurre en otras ciudades del país, también es cierto que tres de cada diez ciudadanos que usan el bus, por fuera del SITVA, manifiestan la menor satisfacción y se enfrentan a la misma congestión en las vías frente al transporte privado. Aquí entonces el último reto, la modernización del transporte público colectivo, con los carriles preferenciales que acortan los tiempos promedio de desplazamiento, que, aunque arrancó el año pasado, no ha avanzado casi en nada por falta de control al mal parqueo en las vías.

En resumen, los retos asociados a la congestión son muy semejantes a los de la contaminación del aire, y no se solucionarán en tanto las soluciones pasen por más de lo mismo.

Publicado en el periódico ADN Medellín el 15 de febrero de 2016

Contaminación del aire en Medellín: más de lo mismo