La información es crucial para tomar decisiones que beneficien a personas y organizaciones. En política pública, la base de la información otorga el censo y sus proyecciones y la mayoría de indicadores se construyen con base en las proyecciones poblacionales. En educación, las tasas de cobertura, tanto netas como brutas, se construyen con la información poblacional. En salud, las tasas de mortalidad, las de fecundidad, las coberturas de programas como los de vacunación también se construyen con las proyecciones poblacionales. Asimismo, las comparaciones entre ciudades, territorios o países deben realizarse con base en tasas construidas con información demográfica, para que puedan tener sentido.

El último censo del país es el de 2005, ya son doce años en los que estamos construyendo y analizando la información con base en proyecciones que cada vez resultan menos confiables.

Al respecto, decía el año pasado, Álvaro Pachón, estudioso de la demografía: “en este momento no sabemos ni tenemos una idea clara de cuántos habitantes hay en Colombia…debido a las deficiencias de las proyecciones y estimaciones de población realizadas por el Dane”. Principalmente por los supuestos de proyección utilizados por la entidad que resultan en trayectorias de nacimientos y defunciones muy diferentes a las mostradas por las propias estadísticas vitales del Dane. El análisis realizado por Pachón muestra que la población total estaría sobreestimada en 4,73 %, y también habría discrepancias en la distribución por edad y sexo. Así, los grupos de edad de 0-4 años y de 5-9 años resultan con menor participación en el total de la población, y también menor en términos absolutos.

En Medellín, los datos de coberturas, tanto en el programa Buen Comienzo de atención a la primera infancia, como en los niveles de educación inicial y transición, muestran o estancamiento o una tendencia descendente, que ha sido objeto de discusión y hasta polémica.

Las dudas que se ciernen sobre la información poblacional, terminan impactando seriamente la certeza con la cual se pueden concluir y recomendar acciones en cuanto a la evolución de los principales indicadores socioeconómicos, que estarán cada vez más supeditadas a los resultados de un nuevo censo.Estamos perdiendo la brújula, y vamos como barco a la deriva. Nos urge que el gobierno nacional agilice la realización del nuevo censo para el país, máxime cuando ya estamos atrasados en la construcción de la línea de base y las metas país dentro de la agenda ODS al 2030.

Publicado en el periódico El Colombiano el 19 de junio de 2017

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