Mucha tinta ha rodado hasta hoy en torno a la más reciente contingencia ambiental en Medellín, las medidas adoptadas y las reversadas. Voces se escuchan a favor, en contra, se señalan culpables, ineptos, irresponsables, víctimas, entre otros tantos calificativos.

Dejando de lado la polémica, los desafíos ahora son dos: que todos entendamos que más allá de la contingencia ambiental, vivimos en una ciudad con un aire altamente contaminado, y tratar de resolver como sociedad este problema. En el primer caso, las dos estaciones de monitoreo con mayores niveles de contaminación por PM2.5 -el más nocivo para la salud-, entre enero y noviembre de 2016, excedieron la recomendación de la OMS 5,3 y 3,8 veces.

El segundo desafío es cómo poner de acuerdo a todas las partes involucradas en las acciones y compromisos. Estamos ante un dilema de acción colectiva. Este no se resuelve con acciones descentralizadas. Se requiere como mínimo una autoridad con la responsabilidad de asumir el liderazgo para dirimir las diferencias y lograr acuerdos para que la sociedad salga beneficiada.

Germán Camargo lo llama el último estadio de la autoridad ambiental, el de construcción de escenarios de gobernanza, donde participan la ciudadanía, las ONG, las autoridades locales, los líderes gremiales, las empresas, los afectados, trabajando en una agenda con prioridades y una capacidad de verificación conjunta.

Hay un largo camino por recorrer entre lo que tenemos hoy y el ideal. Sería un gran logro como sociedad, si arrancáramos con un ejercicio piloto de gobernanza ambiental para la calidad del aire.

Publicado en el Periódico ADN el 29 de marzo de 2017

columna 27 Mar29de2017