Uno de los mayores retos de las urbes modernas es garantizar a los ciudadanos una movilidad ágil, segura, cómoda y con los menores impactos ambientales posibles. Esto no es tarea menor, conforme crecen las economías, y crece la clase media, como ocurre en Colombia, más personas están interesadas en acceder a un carro y usarlo como principal modo de transporte. Esto pasa sin importar que tan bueno sea el transporte público, de acuerdo con evidencia internacional.

En Medellín llevamos algunas semanas escuchando quejas de los ciudadanos por la “inmovilidad”, y justo la semana pasada se celebraba en esta ciudad la Semana de la Movilidad. Entre 2012-2015, el crecimiento del parque automotor fue de casi 4% anual. Por su parte, las inversiones que se requieren en movilidad, principalmente en infraestructura (mantenimiento y nuevas vías) y el transporte masivo, demandan del municipio cuantiosos recursos, que han representado el tercer rubro en importancia, después de educación y salud.

Las soluciones planteadas para frenar el uso del transporte privado se han centrado en el control vía pico y placa, pero muy poco se ha avanzado en gestión de la demanda (peajes, cobro por parqueo público, aumento de algunos impuestos). Con un metro abarrotado en horas pico, será menester avanzar con mayor celeridad en la modernización del transporte público -el mayor porcentaje de gente en Medellín se transporta en bus- y, a la vez, trabajar sobre la gestión de la demanda. Si no se abordan estos desafíos de forma integral, amanecerá y estaremos tan o más inmóviles que hoy.

Publicado en el Periódico ADN Medellín el 16 de noviembre de 2016

Hay días en que somos tan inmóviles, tan inmóviles