Una de las recomendaciones que planteé en una columna anterior, con base en los resultados del Informe de Calidad de Vida de Medellín en 2016, era la de pensar en invertir estratégicamente una parte de las transferencias de EPM al municipio de Medellín. En la segunda Mesa de Trabajo con el Alcalde, el pasado 14 de julio, se puso aún más en evidencia la anterior recomendación.

De acuerdo con el Alcalde, con la entrada en funcionamiento de Hidroituango, los ingresos del municipio vía transferencias de EPM tendrán un aumento sustancial; no obstante, la inversión de esos recursos adicionales se ve limitada en cuanto la ciudad no cuenta con un banco de proyectos.

Entendiendo que los objetivos superiores de la política pública son la reducción de la pobreza y de la desigualdad, el primer desafío será propiciar un debate en torno a cuáles son los aspectos que inciden estructuralmente en la consecución de esos objetivos, pues pese a los avances de los últimos años, aún un porcentaje importante de la población tiene carencias en sus condiciones de vida.

Las prioridades ciudadanas en cuanto a la calidad de vida se refiere dan una pista muy importante sobre a qué dedicar de forma estratégica parte de los recursos adicionales esperados: salud, empleo, educación y vivienda ocupan los primeros lugares, coincidiendo plenamente con los aspectos donde en la ciudad se percibe el acceso más desigual.

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