Un instrumento muy valioso de medición de pobreza en el país es el Índice Multidimensional de Pobreza -IPM. El IPM incluye cinco dimensiones y quince variables relacionadas con condiciones educativas del hogar, condiciones de niñez y juventud, salud, trabajo, y acceso a servicios públicos domiciliarios y condiciones de la vivienda.

Los resultados evidencian que donde residen las mayores carencias en los hogares es en el trabajo formal. En el país a 2016, un 73,6% de los hogares tenían privación por desempleo formal -un hogar que tiene al menos un ocupado que no tiene afiliación a pensiones o se encuentra en desempleo. En Medellín, el dato llegó al 39%. Tanto en el país como en Medellín la evolución del indicador ha sido positiva entre 2010 y 2016, con reducciones del 9% y del 18%, respectivamente.

No obstante, donde no ha habido avances es en el desempleo de larga duración. En el país afectó al 11,2% de los hogares a 2016, aumentando 5,7% desde 2010, y en Medellín afectó a 6% de los hogares, para un incremento del 2,2% desde 2012 hasta 2016.

Dado que la mayor incidencia de pobreza se da para los jefes de hogar desempleados, y que, entre ellos, la mayor desocupación se da en los jóvenes, esto constituye el mayor desafío de política laboral, por encima de la informalidad. Como lo expresa la OIT, entre los efectos del desempleo juvenil están un alto riesgo de desempleo futuro, un prolongado período de inestabilidad laboral y una disminución en las expectativas de ingresos futuros y, en la edad adulta puede afectar la felicidad, la satisfacción con el empleo y la salud.

Publicado en el Periódico ADN Medellín el 10 de mayo de 2017

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