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08 Feb 2019
Señores
Señores

Colectivos ciudadanos vienen discutiendo desde hace dos años la necesidad de revisar la estrategia de seguridad y convivencia en Medellín, dado el crecimiento en el número y la tasa de homicidios. Desde 2015 a la fecha, la ciudad ha experimentado un crecimiento de cinco casos por cada cien mil habitantes. Las discusiones suscitadas en torno a este aumento han sido muchas, y de hecho fueron una motivación para un foro realizado la semana pasada por la universidad Eafit, denominado “Crimen y violencia en Medellín: una reflexión clara más allá de las cifras”, donde Medellín Cómo Vamos estuvo moderando la discusión entre cuatro expertos. Ellos fueron: el Secretario de Seguridad y Convivencia de Medellín, Andrés Tobón Villada; Gerard Martin, investigador y consultor internacional de diversas agencias para el desarrollo y gobiernos en América Latina en temas de seguridad, violencia y crimen; Santiago Tobón, investigador del proyecto Combos de Medellín en alianza con Innovation for Poverty Action IPA y la Universidad de Chicago; y Jorge Giraldo, Decano de Humanidades, investigador y experto en estas temáticas.

Una de las conclusiones más importantes del foro, es que, aunque la administración municipal pueda sentirse atacada por las solicitudes de los ciudadanos, en la práctica la sociedad gana con las discusiones que se suscitan en tanto es un símbolo mayor civilidad, de avance cultural innegable.

Ese avance ha sido posible, en buena medida, gracias a que tenemos una información diaria, producto del Sistema de Información para la Seguridad y la Convivencia, que está al alcance de cualquier ciudadano; hasta hace muy poco tiempo no teníamos tal transparencia, lo que da cuenta de un avance no menos importante. Esto se debe mantener y fortalecer aún más.

Y aunque el referente de cualquier discusión de esta naturaleza debe ser el dato, el foro buscó dar cuenta de los factores que en el pasado lograron el éxito de Medellín en la reducción de la violencia homicida, los cambios que se han producido en los últimos años y que explican la dinámica en la actualidad y a futuro que debemos hacer como país y ciudad para alcanzar la meta ambiciosa propuesta al 2030 de 10,2 homicidios por cada cien mil habitantes.

Entorno al pasado:

Se abordo cuáles fueron las principales razones para que Medellín pasara de ser la ciudad más violenta del mundo, sin parangón en el escenario internacional, a una ciudad, que aún con una violencia homicida relativamente alta ha llegado a salir de los listados internacionales de ciudades más violentas del mundo.

Para Martin gran parte de ese éxito se debió a las políticas nacionales de paz. De acuerdo con sus investigaciones siempre que el gobierno nacional inició procesos de paz con diferentes grupos, los efectos de una menor violencia homicida se sintieron en Medellín. Asimismo, políticas de orden nacional como la descentralización administrativa, cambios estructurales de la Policía y la creación de la Fiscalía, entre otros, que configuraron un escenario institucional más fuerte para combatir el crimen.

También señaló que el aprovechamiento de ese contexto nacional por parte de las autoridades locales fue fundamental y un componente que a su juicio ha sido muy importante es el de la continuidad de las buenas políticas, emanadas de una sociedad civil vigilante.

Por su parte, para Giraldo, quien estuvo de acuerdo en varios de los puntos resaltados por Martin, el componente de la política local ha sido muy importante, pues el homicidio no solo se explica por el accionar de los grupos delictivos, sino también por los problemas de convivencia. Sostuvo que fue fundamental la coordinación interinstitucional entre la Alcaldía, el gobierno nacional, la Policía y la Fiscalía. Puso como ejemplo cuando se dio la desmovilización de los grupos paramilitares, que fue una política del orden nacional, el gobierno de Sergio Fajardo se sumó con recursos a dicho proceso que terminó siendo clave para el cambio estructural de la tasa de homicidios en el año 2003. No obstante, hubo hechos que también coadyuvaron en el cambio estructural de la tasa de homicidios de Medellín, donde no hubo coordinación: de acuerdo con Giraldo, en el caso de la Operación Orión, llevada a cabo en ese año, el gobierno local fue solo un observador, pues la decisión de realizarla la tomó exclusivamente el gobierno nacional.

Las fisuras en la coordinación fueron evidentes durante el gobierno de Alonso Salazar, pues la Policía y el gobierno nacional o trabajaron de la mano con dicha administración, lo que fue decisivo en el incremento de los homicidios entre 2008 y 2010.

Preguntamos al Secretario de Seguridad: el fortalecimiento del Sistema de Información para la Seguridad y Convivencia -SISC- es uno de los logros de las últimas administraciones. De acuerdo con el estudio de Auditoría contratado por la Secretaría de Seguridad en la anterior administración y liderado por la investigadora Ana Daza, en Medellín hay unos patrones delictivos muy arraigados, difíciles de romper, y aunque en concepto de Ana Medellín es la ciudad de Colombia que quizás ha hecho más cosas, es decir, ha innovado más en términos de política, aún no son suficientes para romper los patrones.

En su concepto, de acuerdo con la información y análisis realizados por el SISC, ¿en el caso de los homicidios, específicamente, se han roto patrones en Medellín, y si su respuesta es afirmativa, ¿cuáles han sido los factores que explican ese rompimiento?

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El secretario Tobón respondió que, en el caso de los homicidios, los responsables de acuerdo con las investigaciones de la Mesa de Concertación hasta 2014 mostraban un patrón que no se rompía y era que un 50% de los homicidios eran atribuidos a estructuras criminales, mientras un 20% se atribuían a problemas de convivencia. Luego de 2014, los a las estructuras se les atribuye una mayor participación, cercana a un 70%, mientras los casos por convivencia tienden a reducir su participación.

A Santiago Tobón le preguntamos: usted y otros investigadores vienen liderando con Eafit, la Universidad de chicago, IPA y Proantioquia, una agenda de investigación sobre estructuras criminales y sobre cómo los combos de ciudades como Medellín administran justicia y ejercen gobierno en los territorios. Pero esta investigación también recoge información y análisis valiosos sobre cómo han operado en el pasado las estructuras criminales en Medellín, ¿cómo han cambiado y por qué han cambiado y cuál ha sido el papel de las instituciones gubernamentales en la tarea de combatir a esas estructuras, incluyendo las administraciones municipales? Nos podrías ampliar al respecto.

Tobón respondió que, frente al pasado, la investigación retomó estudios previos, por lo que su respuesta se centró más en lo que han observado en el presente. Han observado que la criminalidad en Medellín pasó de una estructura monopólica con una cabeza visible en el poder de mando, a una distribución del poder en varias organizaciones, al estilo de oligopolios, donde requieren coordinarse para obtener los mejores resultados posibles. En ese sentido, estas organizaciones diseñan reglas para esa coordinación. Ante la capacidad institucional para enfrentar el delito, responden reduciendo la violencia, pues ese no es su negocio. No solo tienen gobiernan los mercados ilegales, sino que tienen gobierno sobre la vida de la gente en los barrios, al regular comportamientos, sancionar delitos o transgresiones a las normas que imponen en el territorio.

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De acuerdo con su criterio, para enfrentar estas estructuras no hay fórmulas replicables en el mundo. Por ello la política debe orientarse con la evidencia que ofrezcan las investigaciones, aunque estas tomen tiempo, la responsabilidad de los investigadores es producir ese conocimiento, y el hacedor de política pública idealmente debe tomarlo como insumo para la acción.

Entorno al presente

 Gerard Martin planteaba el año pasado en una entrevista a El Colombiano “… también es cierto que las inseguridades y violencias de hoy no son idénticas, o una simple continuidad, de las de hace dos décadas. Los actores no son los mismos, la violencia no tiene la misma intensidad, y la problemática es confrontada de manera diferente por las instituciones y por los ciudadanos.

Preguntamos a Gerard: ¿cuáles son los principales cambios que explican hoy el accionar delictivo en Medellín, frente a hace 5 o 6 años atrás?  Y desde los acompañamientos recientes que has brindado a gobiernos en Centroamérica ¿qué evidencias has identificado qué permitan establecer conexiones o diferencias entre la violencia homicida de Medellín hoy comparada con esos territorios que hoy mantienen unas de las tasas más altas del mundo?

Gerard planteó que, en un periodo relativamente corto de tiempo, cinco o seis años, es difícil poder establecer cambios relevantes, por tanto, no respondió sobre este asunto. Frente a los países centroamericanos, reconoció que conoce más la realidad de Medellín que la de aquellos países, en tanto en ellos pasa cortos periodos de tiempo, a diferencia de los que ha ocurrido en nuestra ciudad. Expresó que estos países no han tenido reformas institucionales como las que vivió el país entre los años 80 y 90 y, por tanto, aún son débiles institucionalmente para afrontar los desafíos que enfrentan en materia de violencia homicida y de crimen en general.

Sugirió que Colombia debe acometer una segunda fase de reformas institucionales, como la de la Policía o el Inpec, necesarias para seguir reduciendo la violencia y el crimen.

Preguntamos a Giraldo: ¿Han cambiado los determinadores del homicidio de hace 10 años atrás a ahora? y ¿Hay nuevos riesgos para nuestra seguridad frente a 10 años atrás, como las economías ilegales y grises?  

El profesor e investigador planteó que es necesario conocer más a profundidad las economías criminales.  La universidad Eafit ha hecho una contribución en los últimos años, mostrando con sus investigaciones nuevas realidades, como por ejemplo un portafolio económico más amplio de las estructuras criminales. También se debe entender mejor la relación entre la informalidad y la ilegalidad, pues mucho de la primera es cooptado por la segunda, mientras el Estado busca acabar con la informalidad, las estructuras criminales se aprovechan de ella para desarrollar sus actividades.

Todos esos desafíos, sumados a la corrupción que también permea a la Policía, hacen que las políticas de seguridad y convivencia sean más desafiantes, y se configuren en una tarea de acupuntura.

Preguntamos al secretario: en estos tres años de gestión de la Alcaldía en materia de seguridad ciudadana, cuáles destacaría como los grandes logros, y cuáles son los asuntos en lo que han encontrado los mayores desafíos.

El secretario destacó dos logros. Primero, el fortalecimiento del Sistema de Justicia Cercana al Ciudadano, que se refleja en la mayor inversión de este gobierno en el Sistema y en los resultados que evidencian una descongestión de los casos que llegaban a las Comisarías de Familia, Inspecciones de Policía, entre otros. Gran parte de este logro se debe al nuevo Código de Policía que permite agilizar los trámites. Segundo: la consecución de un inventario criminal unificado, sui generis en el país, gracias a un fortalecimiento de la política criminal local. Se ha logrado priorizar los delitos que son objeto de investigación, allí están los homicidios, la extorsión, el desplazamiento forzado, entre otros. Se pueden ver resultados concretos de esta política con una reducción de la impunidad para los homicidios, que pasó de 90% a aproximadamente un 74% y la extinción de dominio para 54 predios, cifra sin comparación con periodos de gobiernos anteriores.

En su concepto, el gobierno que llegue debe proseguir con estas políticas.

Preguntamos al investigador Tobón: desde el proyecto de investigación de Combos que vienen desarrollando en la actualidad cuáles son esas primeras lecciones aprendidas útiles para el quehacer de la administración municipal y cuál es el papel que la ciudadanía puede jugar para coadyuvar en la reducción del crimen en la ciudad.

En su concepto, los resultados aún son muy preliminares para responder a cabalidad. Pero el objetivo es que esto impacte la seguridad y la convivencia más allá de los homicidios. En el largo plazo, cree que terminará impactando estructuralmente los homicidios en la ciudad.

Para reducir homicidios es necesario conocer las causas. Es importante tener la información de quienes son los responsables de los homicidios y actuar en consecuencia. Aunque la información no sea 100% precisa, ayuda a la definición de la política. Hay que diseñar estrategias para cada una de las causas. Por ejemplo, para homicidios por convivencia hay alternativas de política que se cree medianamente que pueden funcionar. La restricción al porte de armas es una de ellas. La parte difícil es que la mayoría de los homicidios están asociados al crimen organizado y para ello no hay fórmulas en ninguna parte del mundo.

Sobre el rol de la ciudadanía no se puede pedir resultados a ninguna entidad, ni la Alcaldía, ni la Policía, ni la Fiscalía, en el corto plazo, porque hay muchas estrategias que tienen resultados en cinco, diez, quince años. Seguramente tener un mejor sistema educativo va a impactar en el largo plazo una menor tasa de homicidios. Llega una administración se ingenia unos cambios que mejoran el sistema, pero eventualmente se cae su política porque la tasa de homicidios siguió subiendo en dos o tres años más. La ciudadanía debe ser muy responsable en salvaguardar la continuidad de las políticas, ese es el rol que muchas organizaciones como Proantioquia o Medellín Cómo Vamos tienen.

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Streaming mesa de trabajo sobre seguridad y convivencia ciudadana, 2018.

Entorno al futuro 

Medellín se ha comprometido con la agenda mundial de Objetivos de Desarrollo Sostenible. Específicamente en el objetivo 16 de Paz, Justicia e Instituciones fuertes, la ciudad se ha fijado como una de las metas lograr una tasa de homicidios de 10 por cada cien mil habitantes al año 2030. ¿Cómo lo logramos?

Para Gerard Martin Medellín aún sigue siendo un ejemplo para el mundo por la reducción de la violencia homicida. El factor clave en su concepto es el debate ciudadano, esto es, el capital social de la ciudad que ha sido un importante movilizador.

Para el secretario, se debe consolidar las dos grandes apuestas de esta alcaldía: fortalecimiento del sistema de justicia cercana al ciudadano, y persecución de los criminales, derivado de la política criminal construida desde lo local.

Ante esta última aseveración Gerard Martin expresó que Medellín se estaba equivocando en esa narrativa de la persecución de los criminales, porque había dejado en segundo plano la de la prevención a través de la inversión social. En su concepto el camino debe retomarse en una segunda versión del urbanismo social, con más y mejor educación, e instó a pensar en una jornada única para todos los estudiantes de las instituciones educativas oficiales de la ciudad. En su concepto, no obstante, no se debería hablar de metas para la tasa de homicidios, pues obedece a múltiples factores difíciles de controlar.

Giraldo, por el contrario, expresó que la ciudad si debe fijarse metas para la tasa de homicidios, y entre más ambiciosas mucho mejor. Se debe diferenciar claramente lo nacional de lo local. La cultura ciudadana es un componente trascendental. Asimismo, retomar problemáticas como lo que está ocurriendo en las cárceles. No puede seguir pasando que se delinca desde allí.

Por último, el investigador Tobón aseguró que no se debe improvisar en las acciones y se debe dar una mayor articulación para la intervención en los barrios. Adicionalmente, se requiere mayor investigación en torno a la prevención de la violencia y seguir apostando por la evaluación de las políticas y de la acción basada en esa evidencia. Al finalizar, expresó que no debemos olvidar el enfoque metropolitano, pues las estructuras criminales no conocen de fronteras administrativas.