En la anterior columna hablábamos del orgullo por Medellín: siete de cada diez ciudadanos dicen sentirse orgullosos de la ciudad en nuestra última Encuesta de Percepción Ciudadana, una cifra alta si se le compara con Bogotá, donde en 2016 un 39% de sus habitantes dijo sentirse orgulloso de la capital. No obstante, la tendencia decreciente del orgullo debe llevar a la reflexión sobre el por qué de esta situación, entendiendo que éste es clave para una ciudadanía comprometida con los asuntos colectivos.

Dada la alta correlación del orgullo con la satisfacción con la ciudad como un lugar para vivir, tenemos que, al ser consultados por las razones para tener dicha valoración, quienes muestran satisfacción la asocian principalmente con una ciudad bonita, acogedora y de buen clima y gente solidaria, amable y trabajadora. Por su parte, quienes están insatisfechos aducen principalmente la inseguridad, el desempleo y la pobreza.

Podemos argumentar que la buena percepción en torno al clima de la ciudad puede estar siendo afectado por la cada vez más notoria contaminación del aire; que la ciudadanía solidaria está siendo contrastada por una ciudadanía mal calificada en otros rasgos de su comportamiento, como el respeto por las minorías; y, por último, frente a los promedios históricos, en 2017 hubo mayor victimización y un menor optimismo frente a las condiciones económicas futuras de la ciudad.

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Publicado en el periódico ADN el 15 de noviembre de 2017

Más que orgullo