Columna de opinión
Escrita por: Mónica Almonacid, directora de Medellín y Antioquia Cómo Vamos
05 de agosto del 2026
Hace 20 años, el Plan de Ordenamiento Territorial de Medellín en 2006 planteaba que la calidad de una ciudad se medía por la calidad de su espacio público. En la revisión de mediano plazo del POT que se está realizando actualmente, se le reconoce como una infraestructura multifuncional clave para la preservación ecológica, el patrimonio histórico y cultural y el tejido social.
Sin embargo, su importancia urbana merece atención a su estado actual. Entre 2006 y 2024, el espacio público en Medellín pasó de 3,71 a 4,10 metros cuadrados por habitante, un aumento de solo 0,39 metros en 18 años, alejándose de meta distrital de 7 metros cuadrados por habitante.
A este lento avance se suman grandes brechas territoriales. Mientras la zona nororiental registra un déficit crítico con 2,9 metros cuadrados por habitante en 2024, Laureles y El Poblado se acercan a la meta con 6,1 y 6,9 respectivamente.
Estas deficiencias también se reflejan en la opinión de los medellinenses: en las Encuestas de Percepción Ciudadana de Medellín, entre 2009 y 2025, la satisfacción promedio con el espacio público apenas alcanza el 52%, siendo más baja precisamente en aquellas zonas con menor cobertura.
Entendiendo las limitaciones geográficas propias de Medellín, el reto ya no puede reducirse a contar cuántos metros cuadrados se construyen. La verdadera prioridad está en cómo se habitan esos espacios. La ciudad necesita instrumentos capaces de evaluar la calidad del espacio público más allá del área: su accesibilidad, su temperatura, su biodiversidad, su capacidad de propiciar encuentros entre las personas y la diversidad de usos que alberga.
Solo cuando comprendamos al espacio público más allá de sus metros cuadrados responderemos a las verdaderas necesidades de los territorios y garantizaremos una verdadera apropiación y cuidado.